La crisis de la vivienda sigue agravándose en Europa y ya no solo golpea a las clases más humildes, sino que va escalando estratos sociales, afectando también a las clases medias, que tienen serias dificultades para acceder al mercado privado y enfrentan pocas opciones para obtener vivienda de protección oficial. Así lo han denunciado ciudadanos franceses, italianos, ingleses y españoles.
Christine, residente en París, ha conseguido vivienda gracias a una cooperativa en cesión de uso, después de haber compartido el piso de un familiar en uno de los barrios más económicos de la ciudad durante veinte años. A pesar de ser directora de un teatro y ganar 2.200 euros al mes, no lograba alquilar nada. Los propietarios le exigían que su alquiler no superara un tercio de su sueldo, y su ingreso no les parecía suficiente.
Pagar un año por adelantado
Nathalie Gavriloae, una madre soltera que vive en Londres con sus dos hijos, perdió su piso tras quejarse de unos desperfectos que la propietaria no quería arreglar, dando inicio a su pesadilla. Tras más de un año de búsqueda y decenas de rechazos –“nadie quiere alquilar a una madre soltera”, lamenta–, logró encontrar un alojamiento en el sector privado, pero tuvo que pagar un año por adelantado, por un coste de 28.000 libras (aproximadamente 32.200 euros), utilizando sus ahorros de la herencia de su madre.
Actualmente, paga 2.150 libras al mes (unos 2.475 euros) por un apartamento de una habitación y media, que presenta problemas como una puerta que no cierra y una calefacción que no funciona. Gavriloae teme qué sucederá cuando en unos meses se le acabe el contrato de alquiler, ya que la media en Londres para un piso de dos habitaciones es de 2.400 libras mensuales (aproximadamente 2.760 euros). Ejemplos similares se repiten por miles en las grandes ciudades europeas, como indican la Fundación para la Vivienda de los Desfavorecidos y la FEANTSA (Federación Europea de Organizaciones Nacionales que Trabajan con Personas sin Hogar), subrayando que los hogares más modestos son los más perjudicados, pero el problema se está extendiendo.
Volver a compartir piso treinta años después
Otro caso es el de Victoria, una madrileña de cincuenta años que, tras separarse de su pareja, se vio obligada a buscar compañeros de piso para seguir pagando el alquiler. “Trabajo de regidora en rodajes y me pagan relativamente bien”, explica, “pero me han subido el alquiler a más del doble en pocos años, y he tenido que volver a compartir piso, como cuando era estudiante.”
En Roma, la emergencia habitacional es cada vez más visible, especialmente en barrios periféricos como Corviale, Magliana o el Trullo, donde se concentra buena parte del escaso parque de vivienda pública, entre 3.000 y 4.000 en un radio de cinco kilómetros. Actualmente hay aproximadamente 12.000 familias en lista de espera para acceder a una casa popular, según explica el portavoz de SUNIA, organización que representa a inquilinos privados y beneficiarios de vivienda pública. La presión sobre el mercado del alquiler ha aumentado en los últimos años, con un alza del 7% solo en el último año en Roma, lo que se une a la desaparición de ayudas económicas clave como el subsidio al alquiler y los fondos contra la morosidad involuntaria.
Quince años esperando casa
Desde la asociación mencionan: “Hay personas que llevan 15 años esperando una casa”. El problema radica en que la mayoría de las viviendas públicas son demasiado grandes y no se reasignan a familias pequeñas, que son las más numerosas hoy en día. El precio de la vivienda se ha vuelto inasequible para gran parte de la población, y no poder pagar un piso no garantiza el acceso a ayudas públicas.
Cundo Gavriloae intentó solicitar una vivienda social en Londres, le informaron que la lista de espera era de más de siete años. Durante ese proceso, asegura haber sido tratada “con condescendencia” y “como si hubiera hecho algo malo”. Recuerda que un funcionario le preguntó: “¿Crees que eres especial?”
El décimo informe sobre el malvivir en Europa, publicado recientemente, advierte que la sustitución progresiva del parque de vivienda social por programas de “vivienda asequible” vinculados a fondos privados está elevando los precios y reduciendo el acceso a viviendas. Ciudades como París, Londres, Roma o Madrid, que son polos de atracción de turistas y de profesionales bien remunerados, han estado experimentando un aumento considerable en los precios de alojamiento, mucho más allá de la capacidad adquisitiva de sus habitantes tradicionales.
Sin embargo, no son las únicas. La lista se amplía para incluir a Barcelona, Ámsterdam, La Haya, Róterdam, Stuttgart, Milán, Utrecht y Múnich, entre otras, y continúa creciendo.
