Fotografía del 20 de noviembre de 2025 de mujeres indígenas del proyecto agroturístico Yarpuram durante una ceremonia en Cumbal, Colombia. / Mario Baos
En el sur del departamento colombiano de Nariño, entre los volcanes Cumbal y Chiles, un grupo de mujeres indígenas del caserío Boyera transforma sus saberes ancestrales, su cocina y su vida cotidiana en una experiencia de turismo con proyección internacional. Este esfuerzo es parte del proyecto Yarpuram, que se traduce como ‘casa de vida’, donde cinco mujeres han logrado beneficiar a unas 200 familias rurales que habitan en la cordillera de los Andes, a más de 3.000 metros sobre el nivel del mar.
“Somos mujeres de campo y pensábamos que aquí tan alto no había turismo, que no iba a llegar nadie, pero nos organizamos, estudiamos y hemos aprendido que nuestros senderos, shagras (huertas), plantas y comida tienen potencial”, afirma Luz Marina Cuaical, una de las indígenas encargadas de brindar hospedaje a los turistas. Su vivienda está rodeada de cultivos de hierbas aromáticas y senderos ancestrales que comunican a lagunas y bosques.
Turismo rural en Colombia
Las mujeres del proyecto ofrecen una actividad conocida como ‘de la mata a la olla’, donde enseñan a los turistas a cosechar y vivir la experiencia de preparar comidas en fogones tradicionales. Como parte de esta interacción, también siembran una de sus semillas, que luego las mujeres conservan en los llamados bancos vivos.
“En nuestra comunidad, las mujeres hemos sido las que preservamos las semillas. Si no se usa la semilla, no se conserva; no solo es guardar, es procurar su uso, producción y memoria”, comenta Cuaical, quien ya ha hospedado a turistas de Francia, Estados Unidos y el Caribe colombiano.
La iniciativa Yarpuram busca potenciar sus conocimientos para que el agroecoturismo se convierta en una fuente de ingresos para sus comunidades. Este esfuerzo trasciende fronteras, apoyado por los proyectos ‘Naturaleza Positiva’ y B-Real de la Alianza Bioversity Internacional y el Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT).
“Hemos realizado tours de aprendizaje a otras iniciativas similares en Ecuador, y estas mujeres pudieron ver que su territorio tiene un gran potencial”, sostiene Miryam García, consultora de la Alianza Bioversity Internacional y el CIAT. “Hoy en día, ellas valoran más su territorio, y el rescate de su cultura es clave para que los turistas se enamoren de las tradiciones vivas”, añade.
La finca Alpacum
La finca agroecológica Alpacum es parte del proyecto y desde 2019 ofrece recorridos en sus parcelas, destacando la diversidad de plantas, la cría de conejos y roedores como el cuy, así como la elaboración de artesanías, lo que ha transformado la economía local.
“Somos mujeres capaces. Antes, este territorio estuvo marcado por la violencia y la tristeza; hoy, las flores y los frutos atraen visitantes. Nos hemos organizado: unas hacen gastronomía, otras hospedan y otras, como yo, cultivamos la shagra”, afirma María Rosalía Piarpué, una mujer emprendedora.
En cada una de estas iniciativas, las mujeres aseguran que no haya rastro de agroquímicos, para que los platos que sirven en las mesas sean 100 % orgánicos y saludables. “El agroecoturismo nos cambió la vida; hemos podido contratar a vecinos y familiares para ofrecer delicias como infusiones, fritos, cremas de verduras y hasta cuyes asados”, explica María Rosero, cocinera tradicional nariñense.
Para este fin de año, Yarpuram ya tiene reservas de turistas, y las mujeres han comenzado un nuevo proceso para que sus jóvenes aprendan sobre marketing digital y puedan promocionar su comunidad en redes sociales. “Nuestra comunidad cambió y seguirá cambiando, porque el legado tiene que perdurar, y muchos lo tienen que conocer”, concluye Piarpué.
